Se paró el tiempo, por Nuria Banqué Temprano

Se paró el tiempo, por Nuria Banqué Temprano

Era diciembre cuando empecé a sentir que nada era urgente, que no había prisa, que no hacía falta ni siquiera ir al banco. Me habían embargado dos mil quinientos euros.

El banco lo tengo lejos y no encontré el momento de ir. Fui a uno cercano. No me quisieron decir, ni dar ningún documento. El señor quedó horrorizado. Quizá pensó que soy una delincuente, quien sabe.

No fui a mi banco. Seguiré intrigada, aunque sinceramente por ese dinero no me arriesgo a enfermarme. Es mi filosofía de vida, siempre he sido así. Ahora es la pandemia. Pero pandemia peor que la química no la hay. Esa sí que mata, esa sí que enferma.

Como el mundo entero, dejé todo congelado. Se paró el tiempo y sin nadie a mi lado.

Sola a mis 50 años, juro que no añoro a nadie, no necesito a nadie a mi lado.

Me organizo de maravilla, pues ya había pasado por algo similar.

Estuve años viviendo una pesadilla, imaginaos que esto me parece un relax.

Algo que no deseo recordar, ni escribir. Ese pasado no se lo merece. Tampoco los seres abominables con los que tropecé en esos tiempos.

Me mudé hace un año, viví en una casa enferma y enferma me puso. Tenía terraza, que fue la pesadilla de mi vida, los malos vecinos, el ayuntamiento que jamás hizo nada.

No se podían abrir las ventanas de la contaminación. Siempre llamaba a medio ambiente, decían que estaba dentro de los límites normales.

Paseaba por la playa y me enfermaba. Salía reluciente de casa y volvía como si me hubieran echado un jarro de agua por encima, ojerosa, cansada. En una palabra, enferma.

La compra la hacía cada treinta días, con mi mascarilla, preparada. Me daba el atracón de compras para no volver a salir en otro mes.

Los médicos inhumanos, desactivaron las medicinas y me dieron malos tratos. Esto es un secreto, mi médico no me dijo nada. Resulta que habían perdido mi historial, lleno de negligencias médicas y medicaciones adversas. Como decía, mi médico, no me dijo nada, tampoco los especialistas. Solo uno me lo dijo en secreto. Me envió a la central del hospital más grande de la ciudad. Allí estaba inspección o como le llamaran. El caso es que tampoco me pareció que corriera prisa. Fui a un especialista con una resonancia de última generación y no tenía cómo verla. Entonces tenía que ir a ese lugar para que la adaptasen para enviarla al especialista. Después de esperar casi un año, perdí la vez. Ahora a esperar otra cita.

Por supuesto tampoco fui y esto fue antes de noviembre.

Mi vida ahora, es de color de rosa, ya no tengo vecinos malos, ya no tengo contaminación, puedo abrir todas mis ventanas y respirar aire puro y limpio. Ya no uso mascarilla.

Ahora no salgo a nada desde Navidad.

Vivo sola, pero no lo estoy.

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