Salir a las 10.00, por Jesús Fdez-Navamuel

Salir a las 10.00, por Jesús Fdez-Navamuel

Desde el 10 de marzo, los que ascendemos por los montes peliagudos de los setenta, tenemos acotado nuestro tiempo de permanencia en las calles; en esas calles que hemos contribuido con entusiasmo a construir.

Sesenta días después traspaso mi puerta y con paso firme me dirijo al Centro Médico Autonómico. Me han citado para hacerme la prueba PCR. Un servicio público para recabar datos de la situación de la población y así los responsables sanitarios tener información fidedigna de la realidad, para poder tomar las mejores decisiones colectivas.

Llego al centro, tengo la cita a las 10.30, formo la cola que me indican, guardo las distancias, la mascarilla protege mi cara. A dos metros por detrás se va formando larga fila de ciudadanos con el mismo deseo y/o necesidad. Saber si estamos infectados.

Las atenciones recibidas por el personal sanitario son exquisitas.

Orden, rigor, ningún visitante queda en zona de nadie. Todos a su llegada son preguntados por el motivo de la visita. Silencio, respeto, todos los asistentes se comportan con gran civismo.

Una enfermera controla el tráfico desde el exterior al interior del centro. Nos llama por nuestro nombre, me da paso al recinto donde realizan la prueba. Una marca en el suelo indica que me detenga.

Sale de la sala un caballero al que ya le han realizado la prueba. Otro pasa a ocupar su lugar. Y así hasta que llega mi turno.

Entro a la sala preparada, me identifico ante la pregunta de la profesional. Tras quitarme la mascarilla, la sanitaria me advierte de la brevedad de la prueba, del dolor instantáneo que me va a infringir; pasa de inmediato a la acción. Un pack contiene todos los elementos necesarios para consumar el test. La enfermera, ya tiene la mecánica aprendida con los pasos a ejecutar.

En dos minutos, está terminado el proceso. Dejo mi hueco al siguiente en la fila. Salgo a la calle. En 24-48 horas me darán el resultado. Mis datos pasarán a acumularse con los ya existentes y servirán para:

  • Saber si tengo la enfermedad.
  • Mejor conocimiento de las autoridades sanitarias de los hechos, para tomar las más acertadas decisiones.

Esta breve descripción del caso para la prueba PCR, ha tenido acciones previas, hasta lograr entroncar con la presencia en la fila a las 10.30 h de hoy. Mi médico de cabecera ha intervenido y ha desencadenado todo lo acontecido. ¿Y ahora qué? Enlazo mi vivencia matutina con las guerras políticas que nuestros impresentables representantes. Los expertos saben o deben saber cómo se hacen estos tests masivos a la población. Tener las muestras necesarias para lograr resultados fidedignos de la realidad. La ciencia tiene respuestas, tiene tecnología para resolver estas situaciones. Hacer esta prueba a 47 millones de españoles no es viable. Decía Napoleón: Si el enemigo se equivoca, no le distraigas. Los que gobiernan no atinan, la oposición con argumentos torticeros, obstruye y destruye. Todos ven la paja en el ojo ajeno y nadie ven la viga en el propio. ¿Hemos llegado a este punto sin retorno de nuestra clase política? ¿No tenemos a ningún hombre de ESTADO, capaz de dar un golpe en la mesa, MIRAR por los ciudadanos y dejar las miserias humanas y de partidos para mejores momentos? Turbado y preocupado por lo que veo, por lo que vivo, por lo que siento, regreso a casa, sigo confinado. Tal como están las cosas, solo me queda continuar cultivando mis flores que me dan alegrías y buen rollo.

Amigo, NOS QUEDA PONER UNA FLOR EN NUESTRAS VIDAS.

Pongamos coto a esta sin razón, no dejemos que: NOS ESTRELLEN. Quiero seguir saliendo a las 10.00 y a cualquier hora.

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