Doce noches en el 12 O, Eduardo Fernández Jurado

Doce noches en el 12 O, Eduardo Fernández Jurado

No sé cuanto tiempo llevo hospitalizado; cinco, seis… quizás siete días entre estas cuatro paredes empapeladas de soledad, confinado con mis recuerdos, que pasan por mi mente como bandadas de palomas sin sitio fijo donde posarse. Apenas tengo fuerzas para recorrer los dos metros que me separan del baño, pero no me puedo rendir al tedio, debo de seguir luchando y evitar que mi debilidad avise de que me tienen que trasladar a la UCI. No consigo el aire suficiente para llenar mis pulmones y apenas me da para tocar el timbre para que venga la enfermera. Lo consigo, y por fin aparece, pertrechada de los pies a la cabeza para no contagiarse de mi mal. Tras las gafas de protección veo sus ojos; creo que son marrones. Me pregunta ¿estás bien? No puedo contestar. Se apresura a reanimarme, comprueba mi temperatura, me toma la tensión y me pone otra vía, que nace de una botella que cuelga de una percha. Me entuba, el aire comienza a entrarme con sigilo y veo cómo ella amaina en su reacción inicial. Las palomas de mis recuerdos cesan en su vuelo y se posan en el vértice que me niego a traspasar. Siento que me transporto a la calma, tengo miedo, no quiero dormir.

Despierto, mi vista se estrella contra el techo y trato de calcular cuanto tiempo ha pasado. Lo único que sé es que sigo en la habitación, no me han llevado a la UCI. Ella está en la habitación y sus supuestos ojos marrones comprueban los monitores. Baja el caudal de aire y respondo bien. Esa será la pauta de los siguientes días. Noto que me estoy recuperando y me despojo del miedo que me atenazaba para ir al baño. Dejo el respirador, me levanto y comienzo a andar con pasos parcos que acortan la llegada a mi objetivo. Llego, no me he asfixiado y rompo a llorar mi triunfo en la soledad de la habitación. Después de dos días me dan el alta y cruzo la puerta, dejando allí el miedo y el vértice, ya no hay palomas. Ella al verme me sonríe, la doy las gracias y descubro de que color son sus ojos: son de color miel.


 

Eduardo Fernández Jurado es autor de Madrugada sin retorno, obra de próxima publicación.

Más información en https://www.todostuslibros.com/autor/fernandez-jurado-eduardo

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