Aquí se está bien, por Ángeles Rueda Prieto

Aquí se está bien, por Ángeles Rueda Prieto

Mis sentidos están acorchados. Nada me hiere y nada me alegra. Soy una versión roma de mí misma. Soy un alma artificialmente engrosada, súbitamente fofa. Nada deseo y nada me arrastra hacia adelante o hacia atrás , ya no soy alga desmadejada por las olas. Ahora soy una roca inmóvil en el fondo, miro las ondas incesantes sobre mí y no siento nada. Antes de la medicación, percibía el tiempo como puntas de alfileres en las palmas de las manos, ahora lo veo pasar como pasa la sombra de una nube sobre un campo. El trepidar del tiempo para mí no hace ruido y no percibo ya sus turbulencias.

Yo, que soy piedra encallada, a veces imagino que monto en un albatros y sobrevuelo el mundo. Lo miro, vacía de emociones, como quien observa un cuadro y, aunque lo juzga bello, lo encuentra intrascendente.
Los buenos recuerdos no me alivian, pero los malos tampoco me entristecen. No me agobia el ser ni el no ser y no extraño los antiguos placeres.

Quizá sea este el mejor modo de estar despierta. Iba a decir » el mejor modo de vivir», pero ahora vivir me parece un verbo desmedido, un lujo inalcanzable, una exageración. Yo ahora me conformo con estar despierta un número razonable de horas para luego dormir otras tantas. Los comprimidos de la noche tienen un fuerte efecto sedante, pero no tanto que no pueda despertar con el menor sonido o que luego no pueda recordar lo soñado. Y es ahí, en el tapiz evanescente de los sueños donde aparece la caja oscura en la que metieron su cuerpo. En mi sueño, la caja se ensancha por los lados y su interior es arenoso y cálido como una playa soleada. Y allí está él, respirando sin tubos. Me tumbo a su lado y entonces él me mira y me dice, sonriendo, «mi amor, no te angusties, aquí se está bien».


 

Ángeles Rueda Prieto, madrileña, de 55 años de edad, es profesora de secundaria y autora del poemario De tripas Corazón

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